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Caravana de madres de migrantes desaparecidos llega a Veracruz Puerto

Las madres centroamericanas iniciarán la toma de muestras de ADN en las instalaciones de la Policía Federal.

Veracruz, Ver.- La Caravana de madres de migrantes centroamericanos desaparecidos arribó este viernes al puerto de Veracruz, donde acudirán a las instalaciones de la Policía Federal para la toma de muestras de ADN. 

Veracruz será el punto de la República Mexicana en donde concentrarán la búsqueda forense por lo que se les tomarán las muestras genéticas para ser comparadas con los hallazgos en fosas clandestinas localizadas en diferentes puntos del estado.  

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En Colinas de Santa Fe fue encontrado un indicio muy importante que comprueba que hay migrantes desaparecidos cuyos restos fueron enterrados en el predio al norte del puerto de Veracruz de acuerdo con José Luis Reyes Farías, coordinador del equipo Pastoral Hermanos en el Camino en el estado. 

Se trata de una credencial de identificación que pertenece a un migrante que desapareció hace una década en Veracruz. 

El autobús de la Caravana de Madres de Migrantes desaparecidos llegó al zócalo de Veracruz pasadas las 17 horas, de él bajaron todas las madres, cargando las fotografías de sus hijos en el pecho.  

Se colocaron en semicírculo, mientras las madres del Colectivo Solecito Veracruzano emitían vivas en su favor. 

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Después caminaron alrededor del zócalo de Veracruz; mientras se realizaba un festival navideño, ellas exigían a las autoridades mexicanas justicia. 

Las madres del Colectivo Solecito tomaron el megáfono y una por una, expresaron la forma en la que su familiar desapareció. 

Lidia Lara Tobón busca a su  hermano de Ángel Gabriel Tobón de 17 años, desaparecido hace seis meses. Fue a la tienda cercana a su casa y no volvió. 

“Hace seis meses que me quitaron a mi hermano y hace seis meses que no dejo de buscarlo, por eso les digo, no los dejen de buscar, donde quiera, donde puedan, vayan y quien no las escuche, griten, hasta encontrarlos”, expresó antes de romper en llanto. 

Una hermandad intangible las une, el dolor de perder a un hijo, pero no perderlo por completo, estando en un estado de limbo, ni vivo ni muerto. 

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