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Veracruz: el riesgo de muerte en sus abortos clandestinos

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Tenía 17 años, estaba casada, pero mi relación no era estable, la violencia era constante, fue así como decidí practicarme un aborto.

Alba Valdez/ Testigo Purpura

Cuando llegué a aquel cuarto pequeño, sucio, con mal olor y vi muchas imágenes religiosas en las paredes con veladoras y fotografías de personas, supe que mi vida corría peligro y que no había sido buena idea acudir con una curandera del mercado viejo de la ciudad de Veracruz para interrumpir mi embarazo.

Tenía 17 años, estaba casada, pero mi relación no era estable, la violencia era constante y por alguna razón le tenía miedo a la maternidad; fue así como decidí practicarme un aborto en la clandestinidad.

La señora que me practicaría el legrado me advirtió que no sería fácil pues según mis cuentas tenía casi 3 meses de embarazo, primero empezaría con inyectarme algún medicamento que nunca supe su nombre, pero que dolía muchísimo, eso sería por tres días, a la segunda aplicación ya no quise regresar con ella, el dolor de la inyección ya era insoportable y cada vez quería vendérmelas más caras, sin embargo, tenía miedo de que el producto en mi vientre ahora tuviera una malformación.

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Fue así como con mucha vergüenza opté por decirle a mi tía, entre el llanto me confesó que también había abortado. Ahora, en la familia por lo menos somos tres las mujeres que hemos tenido que recurrir a una interrupción del embarazo no legal por razones distintas, pero todas han sido con el riesgo de morir.

Tenía miedo, tenía miedo de morirme desangrada o por alguna infección, tenía miedo de que las autoridades se enteraran y fuera a la cárcel, tenía miedo de que la sociedad me juzgara, pero lo hice.

Mi tía me llevó a una clínica que también estaba ubicada en la zona de mercados, ahí había un médico que era famoso entre las mujeres de Veracruz para abortar de manera más segura, aunque no legal, pues el lugar era más salubre y después del aborto te recetaba medicamentos para evitar la infección.

Me sorprendió ver mujeres de todas las edades y de todas las clases sociales, no nos mirábamos a la cara mientras esperábamos nuestro turno, pues a pesar de que estábamos ahí por la misma razón nos daba pena ser juzgadas en los ojos de las otras.

Cuanto tocó mi turno, las manos me sudaban y esa sensación de culpa me volvió a recorrer, pero entré, en el lugar el médico me explicó los riesgos que tenía, el costo que era muy caro, pero yo ya estaba decidida, me puso la anestesia y cuando abrí los ojos desperté vomitando y con un sangrado abundante que me duró por casi 15 días.

Me recetó reposo de una cuarentena y todos los cuidados que tiene una mujer después de una intervención quirúrgica, a veces me pregunto cómo le hacen esas mujeres que después de practicarse un aborto clandestino al igual que yo, pero que no tienen los recursos económicos para acudir a alguna clínica donde las condiciones son más seguras.

Así lo narra Guadalupe, cuya historia es real, pero su nombre ha sido cambiado.

En Veracruz, en el año 2016, cuando gobernaba Javier Duarte de Ochoa, el Congreso del estado aprobó la ley que protege la vida desde la concepción hasta la muerte natural, dejando solo cinco causales permisibles para la Interrupción Legal del Embarazo.

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Dicha reforma tiene como consecuencia la limitación a los derechos reproductivos de las mujeres y evita el acceso al aborto legal y seguro. Aunado a ello, ha servido como excusa de los diputados y diputadas para posibles reformas que busquen ampliar causales de la interrupción legal del embarazo o despenalizar el aborto.

Hasta ahora solo se le permite a la mujer abortar cuando es involuntario, cuando es resultado de una violación, cuando se le hizo una inseminación artificial no consentida, cuando exponga la vida de la mujer o cuando el producto tenga alguna malformación física o mental grave.

De no ser así, quienes deciden interrumpir su embarazado, son tratadas mediante un juicio ante el Poder Judicial. En Veracruz tan solo de enero 2015 a abril 2016 la Fiscalía General del Estado inicio 22 investigaciones a mujeres por presuntamente interrumpir su embarazo ilegalmente, de acuerdo información existente en la solicitud de la Alerta de Violencia de Género por Agravio Comparado.

Según el artículo 150 del Código Penal de Veracruz las mujeres que se induzcan un aborto fuera de las causales permitidas se les deben de aplicar medidas educativas y de salud, pero se desconoce si éstas se han aplicado pues la FGE no dio más información.

Guadalupe, como otras 43 mil 718 mujeres en el 2009 se practicaron un aborto inseguro en el estado de Veracruz, de acuerdo con un estudio hecho por al Instituto Guttemacher que es una organización civil encargada de hacer estudios sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en el mundo.

Es decir, estas mujeres no tuvieron la oportunidad de recibir la atención de salud de manera oportuna y de calidad como la que solo algunas tienen acceso durante ese proceso que abarca la atención pre, trans y post aborto, ya que la ley no les permite tomar la decisión sobre su cuerpo.

Algunas de las atenciones que no recibió Guadalupe por no tener una interrupción del legal del embarazo, fueron que previo al procedimiento no le administraron antibióticos para tratar infecciones.

Además después del procedimiento no tuvo a otra consulta de seguimiento, tampoco le proporcionaron información acerca de los síntomas y signos normales que se pueden presentar después del aborto, así como sobre los posibles signos de alarma.

Hoy en día, cientos de veracruzanas han optado por viajar a la Ciudad de México a realizarse un aborto seguro, en vez de someterse a alguna intervención riesgosa e ilegal.

Tan sólo entre abril 2007 y febrero 2016, más de 300 mujeres del estado de Veracruz viajaron a CDMX para no vivir una experiencia similar a la de Guadalupe y recibir la atención que en su lugar de origen se les niega.

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