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La crisis...

En la política mexicana es común que sexenio a sexenio algunos empresarios repunten en su economía; también es común que algún medio de comunicación crezca y que algunos reporteros obtengan privilegios. Así ha sido siempre.

De hecho, la prensa siempre ha sido un negocio para los dueños de los medios. El negocio radica en lo que no dicen y en lo que deben decir. Por supuesto la línea editorial y los trabajos periodísticos son primordiales para lograr credibilidad, confianza y lealtad de los lectores.

Sin embargo, como todo en la política mexicana, las actividades empresariales y periodísticas fueron perdiendo los límites y se han involucrado tanto que la actividad principal se perdió y se subieron a un tobogán que tarde o temprano les hará tocar tierra.

En la política veracruzana, el sector de la prensa se metió en una vorágine de ambición por el dinero y el poder. Algunos medios convirtieron  la información en una moneda de cambio, las columnas políticas en un medio de vida, los noticieros de radio en un vehículo para hacer dinero y la televisión en un escaparate.

Poco a poco el compromiso de informar con el mayor apego a la realidad fue hecho a un lado; directores, jefes de información, jefes de redacción, reporteros y fotógrafos comenzaron a jugar un juego perverso de cobrar aquí y allá para, en algunos casos, medio vivir o vivir más que bien.

En la política veracruzana se hizo normal que si se quería vivir sin mucho trabajo entonces se elegía el oficio de reportero o de director de un medio.

El periodismo es la profesión en donde todos caben:  abogados, arquitectos, doctores, psicólogos, contadores, filósofos, estudiosos de letras inglesas, españolas o equis, desempleados del gobierno, empresarios sin miras, júniors perdidos, ególatras que quieren ser famosos, desempleados, políticos y mil más.

Del gobierno de Miguel Alemán para acá, los medios de comunicación se han multiplicado; cuál más creó un portal de noticias en internet, un mini periódico, un noticiero de radio en internet. Cual más se volvió reportero y luego director de su propio medio.

Obvio, la información que les permitía hacer negocio se la encargaban a reporteros mal pagados que, en la mayoría de los casos, terminaba negociando con los políticos.

Todos, todos, le apostaron al subsidio gubernamental, mediante convenios. Así se creó una mega pirámide que está a punto de derrumbarse.

Pocos medios le apostaron a ser leídos, consultados, citados; pocos reporteros optaron por trascender.

Los empresarios, por su parte, también le apostaron a las obras y servicios para el gobierno, de tal manera que era mejor aparecer en medios haciendo declaraciones que pagando publicidad. El círculo vicioso en todo su esplendor.

La época de oro fue la de Fidel Herrera, se crearon decenas, cientos de páginas informativas en internet, los reporteros agregaron a su trabajo el de ser "orejas" de gobierno a cambio de un buen apoyo (dependiendo del medio y la fama del reportero) o defensores y divulgadores de las "buenas" obras o difamadores de los enemigos.

Se vivía en Jauja hasta que comenzaron los problemas económicos y se quedaron a deber muchos pesos por concepto de publicidad. La pirámide comenzó a tambalearse con Javier Duarte, cuya coordinadora de prensa Gina Dominguez se hizo de varios medios de comunicación o los creó.

Ahora que el PRI fue hecho a un lado del gobierno, la pirámide está a punto de caer. Algunos medios cuya circulación es nula, sin prestigio, sin influencia, saben que no podrán obtener convenios en el nuevo gobierno dada su información parcial o por conflictos sostenidos en el pasado con quién va a ser gobernador.

Al menos dos medios en Xalapa ya a anunciaron su cierre.

Por supuesto que esto traerá consecuencias fuertes pues quedarán sin empleo reporteros, editores, fotógrafos, administradores de páginas.

No obstante, no es algo que sorprenda, tarde o temprano iba a suceder.

La prensa se ha sostenido del gobierno sin prestar servicio a la comunidad. La prensa se convirtió en un militante del partido en el gobierno sin prestar atención a su tarea primordial. La prensa aprendió a cobrar mes con mes y ahora deberá renunciar a su "chayo" o renegociar con la indignidad que ello significa.

Las elecciones del 5 de junio, ya lo habíamos dicho en este espacio, son una lección para todos, la de la prensa es muy dura, pero de algún modo se tiene que aprender.

Ahora, habrá que ver cuántos medios cierran y cuántos medios se abren en el nuevo gobierno.

Lo cierto es que la prensa a modo de los anteriores sexenios tiende a desaparecer. Ni hablar, se tendrá que cambiar la forma y el fondo.

Mientras eso ocurre, la crisis está aquí y ahora.