El agua y el aceite

  • Joel Hernández Santiago
Estamos frente a lo que podrá ser la autodestrucción del sistema de partidos

Ya en las urgencias, Andrés Manuel López Obrador anunció un ultimátum a los partidos de izquierda para hacer una gran unidad y que sus candidatos declinen en favor de los de Morena, partido que él representa.

Está bien. Hace su trabajo político y quiere que ganen sus propuestas para gobernar o legislar en los estados en lisa para el 4 de junio: Coahuila, Veracruz, Nayarit y, sobre todo, Estado de México. 

Aunque ya quedó claro que esta unidad de izquierdas no será en estas elecciones, también será bueno saber hasta qué punto los partidos de izquierda estarían dispuestos a declinar en favor de Morena en 2018, que si vemos bien, ya falta poco. 

Ya se ve que el PAN y el PRD se han cantado la posibilidad de un gran Frente Amplio Opositor –en contra del PRI—para 2018. Aunque esto de una alianza entre derecha e izquierda, o lo que es decir, entre agua y aceite, ya ocurrió en casos de elecciones estatales, como fue en 2010 en Oaxaca, con resultados funestos al término del gobierno de Gabino Cué en 2016. 

Pero 2018 es especial. Ese año se decidirán presidencia, gubernaturas, legisladores, munícipes: Todo. La guerra electoral ya se vive, pero se presagia aún más dramática: filtraciones, acusaciones, inmundicia y deshonra estarán ahí, a la vista, al portador… Es cosa de unos cuantos meses…

No hay nada nuevo en eso de las alianzas, acuerdos, bloques, o frentes opositores. Son usuales  aunque casi siempre en democracias consolidadas. No es nuestro caso. Nuestra democracia sigue sin consolidarse, nuestro sistema de partidos es un fracaso y los partidos no son tan partidos políticos y sí grupos de poder con ambiciones de fuerza política y económica; con ideas muy similares entre ellos y con proyectos de nación que son calca unos de otros…

Y cada vez que intentan asociarse para lo electoral surgen los dimes y diretes; más por preeminencia en la unidad que por ideas de valor; al fin y al cabo, dicen, ya ocurrió el fin de las ideologías según dictaminaran Daniel Bell y Francis Fukuyama.   

Por ejemplo, Juan Zepeda, el candidato del PRD para el gobierno del Estado de México hizo una denuncia que tiene que ver con la utilidad o no de las alianzas entre similares y sus tiempos.

Según esto, mientras estaba en baja condición electoral, Zepeda le propuso a AMLO una alianza de las izquierdas para el EdoMex. López Obrador no quiso entonces. Hace unos días AMLO pidió esa alianza pero Zepeda, que se presiente triunfador, dice ‘no este año: sí para 2018’.

“Te invito –dice Zepeda a AMLO- a que seamos autocríticos y aceptes que en el proceso electoral del Estado de México cometiste dos errores: 1. Menospreciar la unidad de las izquierdas e intentar la sumisión de las mismas.  2. No haber revisado a conciencia la honestidad del grupo político que apoya la candidatura de Delfina Gómez. Quien no ha respondido con certeza y transparencia las acusaciones de mal manejo de los recursos públicos del municipio de Texcoco.

“Humildemente pienso que hubiera sido mejor construir a tiempo la unidad de las izquierda y haber encontrado juntos un proceso democrático para la selección de su candidato. Te invito a reflexionar poniendo por delante el interés de las y los mexicanos y sobre todo de quienes menos tienen y a enfrentar unidos la elección de estado que prepara el PRI. Juan Zepeda Hernández”.

Hay arrogancia ahí: si; hay victoria prejuzgada: si; pero también hay un reproche a un dirigente que no tomó la decisión a tiempo y que es utilitario en sus decisiones. ¿Y cuál de ellos no lo es?

Pero las alianzas entre agua y aceite no son sólo entre derechas o izquierdas; también ocurre en zonas que se presumen similares, como es el caso de los partidos que se dicen de izquierda.

Nadie puede negar que AMLO sea un personaje emblemático de la lucha política en México; nadie puede negar, tampoco, que el tabasqueño es un político bien intencionado y no corrupto, hasta donde se sabe. Quiere equidad social, justicia, políticas públicas que disminuyan las diferencias entre seres humanos en un país de tantos contrastes y con rezagos extremos. Todo hasta ahí bien.

Pero él mismo y su grupo han configurado una élite. Además, AMLO ha dicho que no tiene ningún problema con aliarse con grupos de poder político o económico que van en contracorriente del ideal socialista mundial, a menos que se entienda como social-democracia. Aunque no lo dice.

¿Y qué tal su posición respecto de las libertades individuales y colectivas como es el caso del aborto o de la libertad sexual? Ha dicho en estos puntos que no, no y no. Es su punto de vista y defiende sus criterios morales de acuerdo con su actual creencia religiosa, pero en esto se aparta de los esquemas de igualdad sin distingos de clase o particularidades personales. 

Los otros partidos que se dicen de izquierda, como el PRD o el PT están ahí a punto de  extremaunción y ya sin convicciones. El caso del PRD es patético por su capacidad de autodestrucción. Pero ¿de veras estos partidos representan a la izquierda mexicana? ¿Y dónde está la izquierda mexicana? No en el PRD-PT-Morena: juntar a estos es mezclar agua con aceite, también. 

Así que estamos frente a lo que podrá ser la autodestrucción del sistema de partidos, lo cual podría ser bueno si de ahí surgen institutos políticos que representen, deveras, proyectos de nación distintos, con ideales definidos y proyectos de gobierno que solucionen la tragedia mexicana que vivimos y que parece que con ellos ahí, no tienen ni tendrán solución.

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Joel Hernández Santiago

Es periodista y editor. Ha sido editorialista en UnomásUno, La Jornada, El Financiero y más. Fue coordinador de opinión de El Financiero y director de Opinión de El Universal. Fue editor en la UNESCO y de Le Monde diplomatique. Ha coordinado obras como: "Planes en la nación mexicana", con El Colegio de México y "Pensar a David Ibarra", el más reciente.